Tú
-Tú tienes el poder de transformar la realidad
Sólo tienes que tratar de hacer creer a los demás
Que la imaginación es el poder para crear
Para traspasar los límites y las fronteras
En el mundo de los sueños es real
En el mundo de los sueños tú y yo
En los sueños tú, en los sueños yo
En los sueños tú y yo.. -
Me hacía creer… mientras me dejaba ir en el sueño profundo que es la vida. No sabía a dónde iba, ni para qué, pero su voz me dejó y me siguió sin rumbo por doquier. Sus ojos llenos de color, sus labios carnosos me susurraban las palabras más dulces que mis oídos han de escuchar. Creía que era para mi, creyó que era para él… ambos creímos que éramos tal para cual. Mientas me desplazaba hacia él, me observaba con su mirada seductora, su sonrisa y sus dientes tan claros como las nubes. Cuánto daría por probar los rincones de esa boca y arrancar la vida que habita en él. Se movía, mientras nos observábamos cautelosamente en un baile de lujuria y misericordia. Eramos dos; depredador y presa. Rendidos en un círculo vicioso, en donde todos observaban, pero éramos dos, éramos él y yo; éramos tú y yo. Nuestras miradas corrían sigilosamente todas las partes de nuestro cuerpo, se hacían más intensas, más profundas, más deseosas…
Mi fábula fue una historia real, fue una trayectoria de días que concluyeron en una realidad intangible. Su tez era blancuzca con líneas de sol que corrían por su piel y su fuerza me retomaba a pensamientos pecadores que hasta Dios pudiese castigar si los escuchara. Hombre fantasma que robó mi corazón, ridículo sueño que pensé tener. No estaba sino queriendo tener lo inalcanzable. Su mejor estado fue en el momento en que lo vi, sus mejores atributos florecieron en ese entonces, su cintura delgada, sus músculos protuberantes, sus cejas lineales: era perfecto. Y mientras miraba a lo lejos, me movía retrocediendo sin parar, sin gritar y sin poder decir adiós. Me fui sin poder besar ni tocar, su vida estaba junto a otra, que jamás seré yo ni las demás. Era aquella, la dueña de aquél, del que un día primero me enamoré. Sin evitarlo sentía como mis entrañas se consumían de coraje, de angustia y miedo… de dolor. No era para mi, ni éramos él y yo. Era una fantasía, un sueño que acabó en todo menos amor.
